Música campesina



   La soledad, el desarraigo y la incomunicación de un chileno auto-exiliado en una ciudad desconocida. Hay una cierta incertidumbre en el constante deambular de Alejandro Tazo (Pablo Cerda) por las calles de Nashville.

   Tazo recorre el lugar, se prueba un sombrero cowboy, coge un cartel que dice “Cash”, entra a un bar donde hay música en vivo, pasa por una tienda de discos. Luego es entrevistado para un trabajo por un señor que le advierte de la soledad que empiezan a sentir los inmigrantes latinos. Tazo sonríe cuando dice “I’m from Chile. Sudamérica”, pero el ingles realmente lo cansa y aburre. Por eso le cuenta sus penas en español a una mesera que no lo entiende, pero lo comprende. Se oye una voz que lee made-oneself. Hacerse a sí mismo en una tierra extraña no es tan fácil.

   La música campesina o folk que acompaña el relato tiene un ritmo tranquilo, como la plática nocturna con una argentina que estudia una maestría, o la partida de billar con un tipo que se acuerda de “The color of money” con Paul Newman. El chileno forastero parece a veces desconcertado o agobiado en este país extraño, lo que recuerda un poco las películas de Linklater, sobre todo por las largas conversaciones cuando Tazo habla con unos chicos sobre Hugo Chávez o de la película “Nashville” de Robert Altman.



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