Ficciones narcóticas


  En un artículo publicado en El Pais, a propósito de la Eurocopa, el escritor Javier Marías ha comparado al fútbol con el cine y las novelas, porque son aceptados como “un oasis, un paliativo, una evasión de la realidad, un mundo falso y paralelo, un bienvenido opio”. Son “ficciones” que permiten a los ciudadanos o espectadores “fingir” durante varios minutos que sus problemas económicos, laborales o familiares no existen o están en un segundo plano.

  El cine y el futbol son como drogas, dice el escritor español, porque permiten “un pasajero olvido”, tanto a los aficionados como a los ocasionales asistentes, quienes, a pesar de ello, no están completamente "narcotizados" o adormecidos, pues son plenamente conscientes de las decisivas “ensoñaciones”, “hechizos transitorios”, exaltaciones y otras emociones que nos conmueven, alteran o desconciertan.

  Luis Buñuel decía en el libro Mi último suspiro, que el cine ejercía cierto poder hipnótico imperceptible, una especie de fascinación sobre del espectador. “No hay más que mirar a la gente cuando sale a la calle, después de una película: callados, cabizbajos, ausentes”.


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