Todos mienten

  Como alguien ha dicho, ya desde el título el espectador sabe que no podrá confiar en nada de lo que se diga, porque Todos mienten (2009) es un juego de improvisación, de manipulación, de ambigüedad, de ficción dentro de la ficción.

   Los textos de Sarmiento, contados, grabados, re-escritos, son un pretexto para la interpretación, para el juego de roles. La casa es como un gran escenario aislado del mundo donde los personajes se mueven, ensayan y discuten, como en Abrir puertas y ventanas de Milagros Mumenthaler. El director Matías Piñeiro habla de un cruce entre palabra e imagen y las distintas variaciones que puede tener. Hay escenas de movimientos simultáneos entre los actores que tienen un ritmo y una sincronización muy precisos. Una combinación de estabilidad y seguridad estilísticas con movimiento perpetuo, según Transcinema.


   La explicación de Mónica (María Villar) sobre unos cuadros que al ser copias exactas del original son falsos, pero que al ser pintados por la verdadera autora se convierten en verdaderos, es como una meditación sobre el engaño al que el espectador es sometido constantemente, creyendo en algo que no es verdadero, como el supuesto desmayo de Isabel. La escena cuando todos los “actores” se pintan la cara de rojo y recitan unas frases violentas, es una metáfora, una alegoría del pasado, como cuando Jean Pierre Léaud se coloca una venda en el rostro para representar a un chino en “La chinoise” de Godard. 

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Sterling Hayden

La piel que habito

Las mil y una noches