Perro guardián: no ladra pero...



  En las primeras páginas de “El túnel” de Ernesto Sábato, el pintor Juan Pablo Castell intenta justificar un crimen dando a entender que “el mundo es horrible” y los criminales unos tipos honestos y limpios que le hacen un favor a la sociedad eliminando individuos perniciosos.

  Tal vez Rubén (Carlos Alcántara) tiene esa visión negra, sombría y pesimista del mundo que lo rodea, un mundo de personajes un poco al margen, como el mensajero que trae los “encargos” o la colegiala que asiste al templo evangélico y ayuda a su padre. 


   Rubén es un tipo de pocas palabras preocupado por hacer su trabajo, cumplir con el objetivo y recibir el dinero, aparentemente sin mayores cuestionamientos o conflictos. Alguien que vive en constante alerta, vigila hasta sus propios vecinos pero teme ser vigilado. 

  Si bien Alcántara no parece un “perro guardián” que cuida algún lugar, como alguien ha observado, en realidad nadie lo llama así, pues se trata del título de un aviso clasificado publicado en el periódico como mensaje en clave para las personas que lo contratan, a quienes nunca se llega a conocer.

  Aunque "Perro guardián" 
de Basha Caravedo está ambientada en la década del 90 (Alcántara es un ex militar del Grupo Colina), la historia lamentablemente cobra actualidad debido a la creciente violencia en la capital.

  En el desenlace, hay una escena donde Rubén coloca su arma sobre el escritorio y le pregunta al pastor evangélico ¿quién eres?, recibiendo como reveladora respuesta: “El asesino dispara sin preguntar, pero el justiciero quiere saber por qué primero”. El sicario sufre una 'transformación', un inesperado cambio, ahora su misión en el mundo ya no es la de andar al acecho y cumplir un encargo. 



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